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Otro eclipse y el fin del mundo
Llegó el lunes 8 de abril y me entraron ganas de ver el eclipse. Durante los días anteriores me mostré indiferente. No podía entender cómo varios conocidos iban a desplazarse hasta Indiana para verlo.

De pequeño ya vi varios eclipses. Si no recuerdo mal, usando una o dos radiografías como gafas de protección.

Por la mañana mi mujer me escribió diciendo que en Jeni's daban gafas para el eclipse si comprabas un helado.



Fui a comprar un helado pero las gafas estaban agotadas. Sabía que iba a pasar. A lo mejor lo provoqué con mis pensamientos.

Los helados eran temáticos. El que pedí (se puede ver en la foto de arriba) se llamaba Ultraviolet Haze. Tres bolas de nebula berry, salted caramel y darkest chocolate. Por encima tenía space dust. Un polvo que me recordó a los peta zetas, pero más ligero.

Con el helado y sin las gafas pensé en ir al parque y ver a la gente que miraba el eclipse. Quedaban unos 40 minutos todavía y sabiendo que la espera sería larga me traje un libro conmigo.



Al llegar al parque vi que estaba todo embarrado. No había mucha gente.

De camino a Jeni's vi una señora que cargaba un par de bolsas del Target. A la vuelta a penas había avanzado. Estaba tomando un descanso al lado de donde me detuve a sacar la foto del parque.

Me preguntó si una pelota que había ahí era mía (¿?). Le ofrecí mi ayuda con las bolsas. Andamos unos 30 minutos hasta su casa. A paso lento. A mitad camino tuve que parar para beberme el helado, que se había derretido.

Por el camino me contó cómo íbamos a morir todos. Este eclipse iba a traer una luna de sangre. Según ella hay dos tipos de personas: los que van por el camino estrecho y los que están en la casa ancha.

Los del camino estrecho son los que viven sirviendo a su papá (imagino que Dios, aunque nunca dijo el nombre). Los de la casa ancha estaban ahí con "ya tu sabes".

Cuando llegamos a su casa faltaban 10 minutos para el eclipse. Le deseé unos buenos últimos 10 minutos de vida y me fui a buscar un sitio para verlo.



Volver al parque no era una opción. Podía llegar a tiempo pero no podía tumbarme en el césped.

En el cruce de Armitage y Whipple vi a un dentista en uniforme de trabajo sentado en el asfalto con sus gafas mirando al sol. Me senté a un par de metros de él. Saqué el teléfono y apunté al cielo.

Lo dejé grabando 8 minutos y no conseguí ver nada.

Con las gafas de sol puestas miré un par de veces al sol de reojo. Como era de esperar solo me cegué temporalmente. Era demasiado tentador no mirar.

Una pareja pasó y me preguntó si se veía algo con el teléfono. Les dije que no.

Otra pareja pasó y le preguntó al dentista por precios de ortodoncia. El dentista les dijo que entraran a la consulta, pero que era solo de niños.

Luego pasó una chica y le preguntó al dentista por la experiencia. Él le respondió irónicamente que le había cambiado la vida. Acto seguido se puso en pie y se marchó.

Como yo no veía nada, tomé este gesto como una señal. Dejé de grabar y me fui a casa.



Esta foto del eclipse la tomó un amigo desde Indiana. La pongo aquí sin su permiso ni conocimiento. Dijo que valió totalmente la pena.

La fiebre continúa y parece que habrá más eclipses en breve. Esta vez serán visibles desde España.
11 Apr - Sin comentarios - chicago, eclipse