Después de matar al Shadow of Yharnam se abrió una portezuela que llevaba a un bosquecillo con moscas gigantes y un culstista que lanza rayos. Había un edificio en el que un arlequín puesto de speed me atacó por sorpresa. Fue un subidón matarle y ganar creo que unos 5.000 ecos de sangre. Después salí al Lunarium donde había un señor que parecía el Inocencio X de Francis Bacon agonizando. Como no hacía nada le maté y me dio un ojo.
Aquí me tocó buscar en internet qué hacer, porque no es obvio que te tengas que lanzar al lago. Cuando me he caído de manera accidental he perdido mucha vida o me he muerto. No me iba a tirar ahora a ver qué pasaba. Pero leí en internet que lo que tenía que hacer era tirarme, y me tiré.
Rom, the Vacuous Spider es después del Father Gascoigne y la Blood-Starved Beast el jefe que más me ha costado pasarme. Y eso que parece súper fácil. Pero me faltaba aguante para esquivar los misiles que me lanzaba. También me quedé sin pociones, y eso que tenía unas 80. Así que se me ocurrió una cosa. Volver al inicio, donde recordaba que habían unos gigantes y unos lobos que daban muchas pociones. Fue un momento súper nostálgico. De una serrada mataba a tres o cuatro pueblerinos. Esa primera zona de Yharnam en la que tantas horas pasé, y que hace unos años me hizo renunciar al juego... lagrimita corriendo por la mejilla.
Ya que estábamos con la nostalgia, me acordé que no maté al cazador que dispara desde encima de una torre. Así que allí fui. Después de matarlo descubrí que había otro cazador debajo de la torre. Lo maté también. Y entonces descubrí un atajo en ese nivel que no había descubierto antes.
Como estas dos zonas no me daban muchos ecos de sangre, decidí ir al bosque de los hombres serpiente. En un par de pasadas conseguí subir tres o cuatro niveles de aguante.
Volví a intentar Rom, the Vacuous Spider y fue coser y cantar. Decidí ir poco a poco, matando todas las arañitas una a una. Me acercaba, soltaba un par de hachazos. Si alguna saltaba sobre mi, la esquivaba y aprovechaba cuando se quedaba clavada en el suelo para darle con el filo. Una vez acabado con todas las arañitas, un papel de fuego y a por Rom hasta que se teletransportaba.

No recuerdo exactamente qué pasó tras vencer a Rom y eso que ocurrió hace 3 días. Creo que fui transportado a una zona con bichos gigantes colgando de las paredes. Creo que veía a esos bichos porque me comí todos los madman's knowledge, ya que leí en internet que con a partir de 40 veía cosas que de normal no vería. La verdad que llevo muy mal el tema de los objetos en el juego.
Creo que era una de las zonas donde ademas había unas brujas con campanillas reanimando monstruos. Me costó un buen rato entender lo que pasaba y morí a base de bien. Al final decidí correr como un loco hasta encontrar la siguiente lámpara e ir hacia atrás. Matando un poco, y en cuanto reunía experiencia volvía al sueño del cazador a subir algún nivel.
Llegué a una iglesia con una lámpara que no conseguí activar. Pensé que derrotando a los tres cazadores que había dentro conseguiría activarla, pero no. Me costó un huevo matarlos. El truco fue correr como un loco hasta que dos de ellos dejaran de seguirme y pudiera enfrentarme a uno solo. Pero no siempre ocurría y los tres me siguieron varias veces. Lo bueno fue que cuando maté al primero y morí, ya solo quedaban dos, pues los cazadores no vuelven a aparecer. Una pena, porque dan un montón de ecos de sangre.
Cuando terminé con los tres (primero maté a uno, luego morí, luego maté a los otros dos), me puse a caminar con media vida y solo cuatro pociones en el bolsillo. Me metí por un pasillo y me caí a una explanada. Y ahí estaba yo, otra vez a punto de perder decenas de miles de ecos de sangre sin usar. Pero no. Tomé aire, me armé de valor, y acabé con la Darkbeast Paarl a la primera.

Una cosa que me gusta mucho del juego es el cómo se conectan las diferentes zonas. Al principio da la sensación de que los niveles están inconexos, aunque formen parte del mismo universo. Pero según investigas y avanzas, parece que todo se une.
De aquí fui a una zona que había estado con anterioridad y a la que accedí cuando uno de los hombres del saco me mató. En ese momento todos los enemigos me parecieron súper fuertes y tras morir un par de veces decidí no volver. Hasta ahora, que parece que no tengo más alternativa.
A estas alturas del juego llevo una empanada mental interesante. No tengo ni idea de la historia. Me lo tomo, como ya dije en una entrada anterior, como un Super Mario, en el que voy paseando matando bichos y cogiendo objetos y al final tengo un jefecillo al que matar. ¿Había jefes en el Super Mario? A lo mejor me estoy confundiendo con Sonic.
En fin, que ahora que el juego ya no me da miedo, me dedico a buscar con profundidad todos los objetos y los atajos. Está curioso como los atajos suelen ser puertas cerradas y/o ascensores. Ambos activados por palancas.
En una de estas, me he caído por el hueco del ascensor y he perdido 50.000 ecos de sangre. Una risa.
Tras un par de barridas para conocer la zona y subir de nivel, he llegado a la zona donde me imaginaba que estaría el jefe. A estas alturas ya empiezo a ver los patrones. He corrido hacia atrás para gastar los ecos de sangre y he vuelto corriendo con ansias de vender al monstruo. La animación de presentación es una pasada. Un monstruo formado por un montón de cadáveres cae del cielo.
The one reborn es un monstruo chulisimo y me lo he pasado a la tercera. La primera ha sido para ver de qué iba el asunto. La segunda he estado a punto, pero me ha pasado la de quedarme sin aguante, no poder esquivar, y llevarme una bola de fuego y una patada a la vez. A la tercera he ido con paciencia. Ataque, ataque, a cubierto. En el tramo final me la he jugado un poco y la ansiedad casi me juega otra mala pasada, pero todo ha salido bien.

Tras vencer al The one reborn me he acordado de que cuando me enfrenté a Vicar Amelia, a la izquierda y derecha de la zona había dos caminos. El de la derecha lo seguí, pero no el de la izquierda. He decidido volver a ver qué había por ahí. Hay un cementerio y un montón de espectros y brujas. La zona tiene su puerta y su ascensor, y al final de todo un jefe, The Witch of Hemwick. A estas alturas creo que ya tengo demasiado nivel y he acabado con ella a la primera y sin gastar pociones. Tiene un girito de guion que cuando crees que has acabado con ella... no. Y me ha gustado mucho.

Sigo jugando poco a poco, pero parece que ya le he cogido el truco al juego y ahora se juega solo. Debo de estar cerca de las 50h de juego y empiezo a tener ganas de que se termine. No porque no me guste, que me encanta, sino porque creo que he descubierto el patrón y, si no me ofrece ninguna sorpresa se me va a hacer repetitivo.
No estoy seguro de cuantos jefes me quedan, pero debo de estar ya cerca del final. Hace tanto tiempo que no me he pasado un videojuego que estoy nervioso por ver los créditos.
December 11, 2025 21:35
—
1 comentario
—
nyc, viajes
Aunque trabajo en remoto, un par de veces al año me toca ir a New York y Toronto. Suena más glamouroso de lo que en realidad es.
He ido ya unas cuantas veces y no pensaba escribir aquí sobre ello, pero ando leyendo un libro de Danny Gregory y me he encontrado con este texto que describe la sensación a la perfección.

El vuelo salió más de una hora tarde, con nosotros ya dentro, porque todo estaba congelado. Un par de días antes cayó más de un pie de nieve y estaba seguro de que me iban a cancelar el vuelo. Cuando llegamos ya era de noche. Quería haber probado alguna pizzería de las que tengo en mi lista, pero todas cierran a las 22h. Podría haber llegado de no ser porque en LaGuardia me tocó esperar al Uber más de una hora. Al final llegué al hotel pasadas las 23h.

Algo que me sigue chocando es cómo apilan la basura en la calle. No sé si es exclusivo de Manhattan o todo NY. En Chicago tenemos contenedores.

Este camión estaba aparcado en la puerta del Joe's Pizza donde cené. Una frase muy 0,60.

Cuando llegué ya estaba todo cerrado y yo tenía un montón de hambre. Cerca del hotel había una sede de la NYU y al lado un Joe's Pizza. Hay un montón de ellas por toda la ciudad y todas tienen las mismas fotos con famosos. No sé cual es la original y cuales viven de la fama de la original Las pizzas están ricas y no son muy caras. Las dos porciones y el agua salieron a $13.
Hace unos años estuve en NYC de visita con amigos y fuimos a un par de Joe's diferentes.

Como no tenía que ir a la oficina hasta las 10, salí a dar una vuelta y acabé desayunando en The Grey Dog. Tienen diferentes localizaciones. Yo estuve en el de Union Square. Unas tostadas y un café por $30.

Aunque de normal comemos en la oficina, un día nos llevaron a Rosa Mexicano, donde pedí unas enchiladas de langosta. Pagaba la empresa, así que no miré el precio. En general la comida bien, pero no iría por mi cuenta.

Y ya está. Otras veces me guardo algo de tiempo para patear por la ciudad y hacer turismo, pero esta vez no me sentí con ganas. Aproveché para quedar con un ex-compañero de la zona y fuimos de bares.
Casi un mes y 10h después de haber terminado con la Blood-Starved Beast he terminado con un par de jefes más.
Parece que tras más de 30h de juego le he empezado a coger el gusto. Ya no juego por cabezonería o por orgullo. Juego porque me lo paso bien. Echaba mucho de menos disfrutar con un videojuego. Creo que no lo hacía desde el Diablo II allá por 2021. Han pasado años, y aunque he empezado muchos juegos, no he terminado ninguno. Esta vez voy a intentarlo.
La zona justo antes de enfrentarme a Vicar Amelia la disfruté muchísimo. Las primeras veces que la jugué fueron para entender los nuevos monstruos e intentar buscar atajos. Hay unos monstruos enormes que de primeras son súper intimidatorios, hasta que aprendí que si me acerco mucho a ellos les puedo matar en un momento sin que me toquen.
Era bastante obvio que entrando por semejante puerta y pasillo me iba a enfrentar a un jefe, así que una vez ubicado limpié el mapa un par de veces más para subir de nivel y hasta sentirme cómodo yendo de la lámpara al jefe sin liarla mucho.
Hace ya un par de semanas que vencí a Amelia y no recuerdo el número exacto de veces que me enfrenté a ella, pero fueron pocas. Digamos que 4. Me sorprendí a mi mismo de lo fluído que resultó todo.

No voy a mentir, de vez en cuando busco en internet qué es lo siguiente que he de hacer, porque no es nada obvio en este juego. Encontré una puerta para la que necesitaba una contraseña. Esto lo explica además un NPC en algún momento anterior. Yo pensaba que tenía que hablar con algún estudiante para conseguir la contraseña, pero resulta que la aprendes al vencer a Vicar Amelia. Así que estuve dando vueltas sin saber qué hacer hasta que miré en internet y descubrí que ya tenía la contraseña. No se me había ocurrido volver a intentarlo.
No recuerdo el orden y todas las zonas por las que pasé, así que este artículo no es muy riguroso. Tampoco es su intención serlo, sino documentar mi estado de ánimo mientras juego.
Iba a haber ido por el lateral del edificio donde estaba Vicar Amelia, pero unos tipos me lanzaban rayos eléctricos y me acojoné. Así que fui por la puerta de la contraseña y creo que llegué al bosque. Pensé que iba a ir a parar al mismo sitio, pero a menos que me saltara ese camino, no aparecí allí. Debería ir a la lámpara e intentarlo.
Aparecí en el bosque prohibido (o como lo tradujesen al castellano), una zona también muy divertida. Trampas, aldeanos, zombies y hasta un cañón que me hizo sudar. La segunda parte del bosque me pareció un poco cañazo al principio, porque estaba llena de serpientes que me costó dominar. Además toda la zona es súper oscura y confusa. Aprendí también que puedo cargarme a los cerdos gigantes bastante fácil. Recuerdo con ternura aquel primer cerdo en las cloacas de Yharnam...
Con 29.000 ecos de sangre me metí por error en la zona del jefe y obviamente los perdí. Pensaba que el jefe sería una serpiente enorme pero fueron tres cultistas de Cthulhu adictos a pelis ochentenas. Un ninja y dos faquires escupe-fuego. Me acojoné otro poco más al ver que eran tres jefes, pero estos no se volvían locos según les quitaba vida. Al menos no les dio tiempo. El último hizo aparecer unas serpientes gigantes, pero enseguida le acorralé en una esquina y le di con el serrucho hasta que murió.
No voy a decir que fue fácil, porque me pasé 10 minutos corriendo como un loco de lado a lado de la zona. Aquí me sentí como un alumno que presta atención en clase. Después de vencer al Padre Gascoigne protegiéndome de sus ataques entre las tumbas, repetí la jugada aquí y funcionó.

No recuerdo si lo dije anteriormente, pero he cambiado la forma en la que juego a Bloodborne. Me pongo temporizadores de 30, 45, o 60 minutos. Y consiga o no consiga lo que me propongo, cuando suena la alarma paro. Con esto consigo no estar horas muriendo y perdiendo ecos de sangre por pura frustración. A veces voy a hacer alguna tarea de la casa y, si la sesión anterior fue bien, como premio me permito una segunda sesión. En un mes he jugado 10h. No sé si es mucho o poco, pero me siento mentalmente mucho mejor así. De otra forma no me veo con la fortaleza para terminar el juego.
Otro visionado que viene por escuchar el podcast de Bret Easton Ellis (posiblemente mi único referente cultural actual).
Saqué la película de la biblioteca pública en una edición DVD de 2001.
La he visto en tres partes. Dos a la hora de la comida y la última a la hora del desayuno. Aunque me tenía enganchado, tengo complicado sacar 2h del tirón para hacer cualquier cosa que no sea trabajar o dormir.

Hannah y sus hermanas es una película escrita y dirigida por Woody Allen que se estrenó en 1986. Trata sobre Hannah y sus hermanas. El título no engaña. Su hermana Holly le pide dinero para montar un catering y luego para escribir. Hannah se lo da pero Holly se muestra desagradecida. Holly intenta tener una relación con Mickey, ex marido de Hannah. Al principio no funciona pero termina funcionando. Elliot, el marido de Hannah, le pone los cuernos con su hermana Lee. Lee vive con un profesor, al que abandona por Elliot, pero Elliot no deja a Hannah como había prometido, y al final Lee se va con otro profesor. Mickey es un hipocondríaco que trabaja en televisión y no le encuentra sentido a la vida, así que va probando religiones a ver si alguna le convence. Los padres de Hannah también tienen lo suyo.
Vida de ricos que viven en Manhattan, donde es imposible entender cómo se mantienen, porque todos se quejan de que van pelados, pero viven sobradamente.

La película es entretenida y me ha hecho soltar alguna que otra carcajada. Es un mundo muy diferente y se hace extraño porque parece que fue ayer. Me hago viejo.

En mi casa nunca se tuvo mucho aprecio a Woody Allen. Supongo que por su cinismo y por meterse con la religión. A partir de 2010 eso cambió y me extrañó ver que mis padres iban al cine a ver sus peliculas y de repente "eran muy buenas". A mi según cómo me pillen. Esta me ha caído bien.
Este es el primer libro que conocí de Mariana Enríquez y el tercero que he podido leer tras Las cosas que perdimos en el fuego y Bajar es lo peor.
Se trata de un libro de relatos cortos (a excepción de uno, que se extiende durante unas 50 páginas) de terror.

Los he ido leyendo uno a uno antes de ir a dormir y esto ha hecho que algunos días tuviera ganas de meterme en la cama a leer en vez de seguir haciendo el tonto por ahí.
En esta ocasión no he llegado a sentir miedo con ninguno de ellos, pero sí desconcierto y mal rollo.

Una cosa muy buena de Mariana Enríquez es que no sucumbe a la presión actual por explicar todo. Lo que pasa es lo que pasa, y del mismo modo que los protagonistas no tienen ni idea del por qué pasa lo que pasa, el lector tampoco. Y esto es maravilloso.